La innovación educativa comienza por trabajar las emociones

Innovar en educación es una tarea compleja. Son muchos los ámbitos que hay que trabajar, con el objetivo de mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Y es que la educación es un constructo que abarca todo tipo de aspectos: materiales, estrategias, metodologías, profesorado, alumnado…y un largo etcétera.

Por tanto, la innovación educativa se trata de una gran revisión y evolución a todos los niveles educativos. Cambios pedagógicos y/o en la propia organización educativa que buscan eso: perfeccionar y prosperar el sistema educativo vigente.

Y sin duda alguna, uno de los procesos de enseñanza que más en boga está es la educación emocional. Pero, ¿tenemos claro en qué consiste?


La educación emocional y sus beneficios

Educar en emociones, tener un propio autoconocimiento de las mismas, saberlas identificar y expresar… es imprescindible para cualquier alumno o alumna.

Y es que la educación emocional se puede definir como ese proceso educativo, que ya no solo impulsa el desarrollo de las emociones como tal; sino también es imprescindible para el propio desarrollo cognitivo.

Además, conocer las emociones no solo implica una mayor actitud positiva en la vida; sino también saber gestionar mejor todo tipo de conflictos.

Por su parte, Daniel Goleman, psicólogo y uno de los mayores expertos mundiales en inteligencia emocional, explica que “las emociones negativas intensas absorben toda la atención del individuo, obstaculizando cualquier intento de atender a otra cosa”.

De este modo, una formación especializada para docentes es muy importante; si queremos innovar en educación. De ahí que un máster innovación educativa, como el que dispone la escuela de Euroinnova Formación, sea una opción muy interesante para maestros y profesores.


La neuroeducación y las emociones

emociones

En cualquier proceso de enseñanza-aprendizaje, uno de los factores que por supuesto interviene es el cerebro. Por tanto, en educación también hay que saber cómo funciona este órgano del cuerpo, ya que -entre otras cosas- se ocupa de regular todos los procesos relacionados con el aprendizaje.

“La neuroeducación es una nueva perspectiva de la enseñanza basada en la neurociencia”, con estas palabras el doctor en Medicina, Francisco Mora, define la neuroeducación o disciplina que conecta la educación y el desarrollo cerebral.

De hecho, está demostrado que la amígdala es la parte del cerebro, encargada de regular las emociones y los sentimientos de las personas. Es decir, como ya sabemos, el cerebro guía nuestros instintos más básicos (comer, beber, dormir…), y entre estos instintos primarios, encontramos también a las emociones.

Por tanto, las emociones guían nuestro comportamiento, nuestra vida… y eso, por consiguiente, también afecta al terreno educativo.

De esta forma, alegría, tristeza, miedo, rabia o asco son fundamentales para cualquier elemento de la vida. Y es que volviendo a citar Goleman: “cuanto más abiertos estemos a nuestros propios sentimientos, mejor podemos leer los de los demás”.

Por eso, una formación en educación emocional es tan importante para los docentes. Porque, conociendo en profundidad sus propias emociones, pueden “leer” mejor a su propio alumnado. Pueden desarrollar mejor la empatía y todos los beneficios educativos que conlleva.

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