¿Qué hacer cuando el niño come mal?

Mi hijo come mal. En la población general se estima que existen entre un 20 y un 60% de niños malcomedores, una de las quejas más habituales de los padres españoles según los pediatras

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Un estudio publicado en The Open Nutrition Journal, analiza por primera vez la relación existente entre la conducta malcomedora, los niveles de atención, el nivel de irritabilidad de la familia y la ingesta nutricional en niños españoles. El estudio, realizado con la colaboración de Abbott, se ha llevado a cabo en siete colegios de Madrid con 1.101 niños en edades comprendidas entre los 3 y los 6 años.

La investigación ha determinado que los niños entre 4 y 6 años considerados malcomedores (el 70% de la muestra), tenían un nivel de atención significativamente bajo respecto a aquellos niños que comían de manera saludable.

Según el Dr. Luis Ros, coordinador del estudio y jefe de la unidad de Gastroenterología y Nutrición Infantil del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, “La evidencia científica vincula la malnutrición a un déficit del desarrollo cognitivo. Incluso en niños de países desarrollados existe una relación entre los malos hábitos alimentarios y un rendimiento escolar pobre”, añade el Dr. Ros.

Los niños malcomedores fueron definidos como aquellos que ingerían menos de un 65% de las cantidades diarias recomendadas de entre 4 y 6 grupos de alimentos. Los grupos eran carnes (que incluye huevos y pescado), verduras, frutas, lácteos, carbohidratos y legumbres.

En cuanto a los hábitos alimenticios de los niños malcomedores se extrae que son quisquillosos con la comida, no disfrutan probando nuevos alimentos, y es probable que los rechacen y que decidan que no les gustan sin haberlos probado siquiera; no les gusta comer; prefieren beber a comer; y se sienten llenos rápidamente.

Consecuencias a corto y a largo plazo derivadas de los malos hábitos alimenticios

La posibilidad de que haya consecuencias a corto y a largo plazo derivadas de los malos hábitos alimentarios es real. A corto plazo pueden producirse deficiencias nutricionales, como niveles bajos de energía y proteínas o micronutrientes; ingesta de frutas, verduras y carnes inferiores a las recomendadas; o menos vitaminas y minerales de los recomendados. Además puede producirse un menor crecimiento, ya que algunas investigaciones demuestran que los niños malcomedores tienen una estatura más baja y un menor peso corporal.

Una posible consecuencia a largo plazo de la conducta malcomedora es un menor rendimiento cognitivo (dificultades para realizar pruebas que requieran atención, dificultades de memoria, percepción visual, comprensión verbal y otros importantes procesos cognitivos).

La irritabilidad de las familias

El estudio muestra que existe una estrecha relación entre malos hábitos alimentarios de los niños y el estrés de la familia a la hora de las comidas. Unos niveles altos de irritabilidad en los padres pueden tener consecuencias negativas a largo plazo en el comportamiento de los niños ya que podrían empeorar sus hábitos alimentarios en el futuro.

Este estudio demuestra asimismo la importancia que tiene trabajar con los niños malcomedores y sus familias para ayudar a prevenir futuros problemas con las comidas. Gestionar las dificultades de forma sosegada y comprensiva animará a los padres a desarrollar estrategias para conseguir que sus hijos tengan buenos hábitos alimentarios.

Las diez claves que te ayudarán a poner fin a los problemas de alimentación de tu hijo

1. A medida que el niño vaya siendo capaz, hacerle partícipe de todos los preparativos de la comida. Por ejemplo que ayude a hacer la lista de la compra, a comprar, a preparar la comida, a diseñar el menú, a poner la mesa,…

2. Crear un hábito de alimentación: esto es comer en el mismo momento, en el mismo lugar y de la misma manera. Esto no es sinónimo de rigidez, cuando el niño haya adquirido ya este hábito, es un buen momento para que existan excepciones.

3. Fortalecer la autonomía del niño, dejándole que sea él quien coma solo, comerá mucho más rápido si se lo dan sus padres, pero no aprenderá a hacerlo.

4.  Intentar comer al menos tres o cuatro veces en semana todos en familia. El niño aprenderá imitando y no solo lo que comen los demás sino también como se comportan y relacionan en la mesa.

5. Hacer de la comida un momento de relajación, en el que los temas de comida no sean el tema central de las conversaciones. Dedicar, por ejemplo, este rato para hablar de todo lo divertido que cada uno ha hecho durante el día, o a planear las actividades de la tarde, o del fin de semana.

6. Evitar llevar a la mesa juegos o ver la tele, actividades que le despistarán del principal objetivo en ese momento: comer.

7. Si el niño decide no comer el menú de hoy, no hacerle uno nuevo. Comerá su comida habitual en la próxima comida, hasta entonces tomará únicamente toda el agua que quiera.

8. Reconocerle cualquier avance a la hora de la comida, si prueba algo nuevo, si tarda menos, si ayuda en la mesa, si esta toda la comida sentado sin levantarse,… por mínimo que parezca el progreso. De esta manera querrá repetirlo para obtener la atención de los padres.

9. No atender su comportamiento cuando su actitud en la mesa no sea la que se espera, seguir con la conversación o la comida y no alentarlo a finalizar con su comportamiento. Cuando de nuevo vuelva a comer o a sentarse, es el momento de decirle lo bien que lo está haciendo.

10. Ser paciente, firme y constante. Estás enseñando a comer al niño, y esto no se consigue en un día. El aprendizaje ha de ser progresivo, plantear primero un objetivo y cuando este conseguido, otro. Plantearse muchos objetivos de golpe, o un objetivo muy amplio, dificulta el conseguir llegar a la meta.

Fuente: Rocío Ramos-Paúl y Luis Torres Cardona, “Mi hijo no come”, Ed. Aguilar, 2010

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Angel Fuentes

20 años dedicado a la educación infantil. Escribo un blog con recursos para los niños y niñas, padres y docentes. Para facilitar su difícil tarea educativa

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