Educación de los niños: Las palabrotas, consejos para evitarlas

Las palabrotas funcionan para los niños como «palabras mágicas» ya que que surten efecto en los padres, las incluyen en su vocabulario porque disfrutan observando la reacción que provocan.

Alrededor de los 4 años, los niños empiezan a asimilar las normas básicas de comportamiento: comida, sueño, higiene…, y ya están listos para entender algunas reglas sociales. A esta edad, pasan por una etapa en que quieren usar las palabras más fuertes que conocen, las que más ofenden, las que provocan a los mayores. El comportamiento rebelde y retador es normal en los niños de entre 4 y 6 años. Es raro que no utilicen palabras inapropiadas de manera ocasional.

Por qué dicen los niños palabrotas

Las palabrotas funcionan para ellos como «palabras mágicas» que surten efecto en los padres, los profesores, los vecinos… Los niños piensan que son palabras muy importantes y poderosas y, en consecuencia, les hacen importantes.
Las incluyen en su vocabulario porque disfrutan observando la reacción que provocan. Sienten que les dan poder, les hacen ser el centro de atención, y los demás dejan de hablar para mirarlos y escucharlos.  Claro está, lo normal es que los padres no quieran que su hijo diga palabrotas. Para conseguirlo, lo mejor esno extrañarse cuando lo haga, poner «cara de póquer» y no decir nada. Hay que pedir a los familiares y conocidos que finjan también que no han oído nada.

Qué pueden hacer los padres

Si los padres ven que su hijo no se puede controlar, o les resulta muy difícil tolerar que el niño diga palabrotas, pueden hablarle del efecto que tienen sus palabras para otras personas. Explicarle que puede llegar a hacer daño si dice determinadas cosas, aunque no sea su intención.
Pero, sobre todo, deben dejar claro al niño que les desagrada ese comportamiento, que él no les gusta cuando dice palabras malsonantes, que se avergüenzan y que, por esa razón, no le harán caso. Que le prefieren cuando se expresa como un niño educado y entonces se sienten orgullosos de él y les apetece oírle, mirarle y estar con él. Por supuesto, los padres deben ser consecuentes y tampoco deben decir palabrotas.

Reacciones que funcionan

– Enseñar al niño alternativas a las palabrotas.
– Cuando vayamos de visita o salgamos a algún lugar, anticiparle qué haremos si dice palabrotas, y cumplir lo acordado.
– Dejar que el niño dedique en casa 15 minutos a decir palabrotas. Cuando se les da condición de esperables y predecibles, las palabrotas dejan de causar el efecto sorpresa que las hacía tan emocionantes y divertidas.
– Observar en qué momentos dice el niño las palabrotas, qué emoción expresa su cara: si se divierte, sufre o está enfadado. A veces, las palabrotas surgen como síntoma de inseguridad o infelicidad, es una manera que tiene el niño, inhábil y desadaptativa, de pedir ayuda, de pedir que nos fijemos en él.
María del Mar García Orgaz Psicóloga infantil
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Angel Fuentes

20 años dedicado a la educación infantil. Escribo un blog con recursos para los niños y niñas, padres y docentes. Para facilitar su difícil tarea educativa

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